¿Qué significa prevenir?

Imagínate que acudes a tu médico de cabecera con dolores en el pecho y dificultades para respirar y tu médico se limita a acompañarte a la puerta y decirte que tiene esperar a que sufras un ataque cardíaco para poder hacer algo.

Supongo que lo encontrarías especialmente perturbador si además cuentas con un historial de vulnerabilidad cardiaca en la familia. Muy al contrario, encontrarías que la atención de tu médico es de calidad si, en lugar de echarte por la puerta, te recetase la medicación adecuada y te explicase una serie de recomendaciones para reducir el riesgo de un ataque al corazón.

Este puede parecer el razonamiento más lógico.

Sin embargo, mientras que en este tipo de circunstancias medidas preventivas y rápidas intervenciones se consideran como la norma, las expectativas de respuesta frente a las alertas tempranas en una crisis alimentaria son, lamentablemente, muy bajas.

Lo comprobamos en el Cuerno de África, donde comenzaron los signos de alarma en agosto de 2010 y desde la comunidad internacional no se empezó a reaccionar hasta bien entrado 2011, a pesar de la demostrada tendencia de la zona oriental de África a sufrir la sequía y la seguridad alimentaria.

Y ahora mismo estamos intentando evitar que pasen desapercibidas las importantes señales de alerta que llegan desde la zona del Sahel, donde millones de personas ya están sufriendo las consecuencias de la sequía y la falta de alimentos.

¿Qúe significa prevenir frente a una crisis alimentaria?

La prevención en este caso debería ser doble. Por un lado, supone que debe tratar la vulnerabilidad crónica y la construcción de la resiliencia local y nacional para poder enfrentarse con los enormes retos que implica la incertidumbre. Pero también significa que se debe buscar más efectividad en los mecanismos nacionales e internacionales de respuesta a la emergencia.

Este doble enfoque debe emplearse para romper la división artificial que existe entre los programas humanitarios y los programas de desarrollo.

Son los programas de desarrollo y a largo plazo los que a menudo están mejor situados para responder a las previsiones de crisis, pero se les debe dotar de una mayor flexibilidad para que se puedan adaptar y responder a un empeoramiento de la inseguridad alimentaria.

Pero como en todo –en las enfermedades cardíacas también- las soluciones no son dobles, ni triples, ni sencillas. Son muy complejas. Y en este caso se suman obstáculos como la dificultad de movilizar a los gobiernos y la sociedad civil frente a emergencias que llegan tras un largo recorrido de procesos naturales fallidos (las lluvias, las cosechas..), los sistemas económicos impuestos a nivel internacional (el precio de los alimentos) o la propia estructura de la ayuda.

Estamos aquí para reflexionar y mejorar. Para evitar que este tipo de situaciones se vuelvan a repetir. Para que el hambre, el hambre con mayúsculas, no siga acabando con millones de vidas nunca más.

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