El músico senegalés Baaba Maal visitó hace unas semanas a las comunidades del sur de Mauritania afectadas por la crisis de hambre extrema. Éstas son sus palabras desde allí:  “Los africanos debemos unirnos y reaccionar para ayudar a nuestra propia gente. Está muy bien recibir ayuda pero no debemos rendirnos. Debemos seguir plantando y trabajando para ayudarnos entre nosotros mismos”. 

El músico senegalés Baaba Maal visitó hace unas semanas a las comunidades del sur de Mauritania afectadas por la crisis de hambre extrema. Éstas son sus palabras desde allí:  “Los africanos debemos unirnos y reaccionar para ayudar a nuestra propia gente. Está muy bien recibir ayuda pero no debemos rendirnos. Debemos seguir plantando y trabajando para ayudarnos entre nosotros mismos”. 

Cuando las cuentas no salen

Hoy escribe Irina Fuhrmann, desde Mauritania.

“Tenía 5 cabras. Tres las vendí hace más de un mes y pude comprar el arroz que nos ha permitido subsistir durante este tiempo. Las dos que me quedan tendré que venderlas en breve para poder aguantar un par de meses más.” ¿Y después?  “Después nada” responde con los ojos bajos Aminata Ndiay, mientras da el pecho al más pequeño de sus cinco hijos, en Kagnadé, una comunidad en el sur de Mauritania.

Ahí donde voy y pregunto, las cuentas son sencillas y el resultado siempre es negativo. Se trata de restar: una cabra menos, una vaca menos, un utensilio menos. Es la situación a la que hoy se enfrentan más de 13 millones de personas en Mauritania, Burkina Faso, Níger, Mali, Senegal, Gambia y Chad. La escasez de lluvias, que ha hecho caer drásticamente la cantidad cosechada y el poco pasto disponible para los animales, sumado a la situación global de alza de los precios de los alimentos, sitúa esta zona de África del Oeste y Central en el umbral de una emergencia que puede resultar dramática si no se actúa de forma inmediata.  

 “Mi marido gana unas  6.000 UM (15 euros) a la semana vendiendo leña y ese es el precio del arroz que consumimos durante una semana. Tenemos 10 hijos y uno más en camino, y no disponemos de ningún otro ingreso” explica Assid Mint Mana de la comunidad de Natriguel. Otra caso en el que las cuentas no salen. “Los niños no pueden aguantar el hambre, así que cuando no hay para todos, yo les cedo mi ración” añade Assid, sosteniendo a una de sus hijas en los brazos. La pequeña está siendo tratada por malnutrición, y la madre, demasiado delgada para su estado, me confiesa que teme por el bebé que lleva en el vientre, pues sabe lo nocivo que puede resultarle el que ella no coma.

La pequeña de Assid podría ser uno de los 1’5 millones de niños que, según UNICEF, están en riesgo  de sufrir malnutrición en los próximos meses en el Sahel, si las intervenciones de urgencia no se aceleran de inmediato.

En Mourtagal, otra comunidad del sur de Mauritania, Samba Dyemba me explica: “Las mujeres no podemos dormir. Estamos ansiosas porque las cuentas no salen y no encontramos ninguna solución”. 

Ella, cansada de dar vueltas en su catre, ha decidido irse a Nuakchot a buscar trabajo. Tiene 50 años, es viuda y la migración a la gran capital la aterra, pero si no lo hace, su familia no tendrá con qué alimentarse en los próximos meses. “Cuando vuelvan las lluvias, regresaré” afirma convencida, aunque reconoce que en esta zona del Sahel, durante los últimos años las lluvias se han rarificado y los ciclos del hambre se hacen cada vez más crónicos.

En la mayoría de las comunidades de Mauritania, donde 700.000 personas están en riesgo, sólo se ven mujeres, niños y ancianos. Los hombres han salido a buscar trabajo jornalero pues tras las malas cosechas, todo lo que consumen las familias debe ser adquirido en el mercado y para ello, hace falta ganar dinero. Otros, ante la escasez de pasto, se han visto obligados a llevar el ganado en transhumancia a los países vecinos, cinco meses antes de lo normal. Pero, desde hace unas semanas, las mujeres como Samba, también están tomando la decisión drástica de partir, muchas veces acompañadas de sus hijos, en búsqueda de algún ingreso.

Aunque en la ciudad la situación tampoco es sencilla. “Ganaba 700 UM (2€) al día lavando ropa y con este dinero tenía que pagarme el alquiler, agua y comida en Nuakchot” me cuenta Gollera Diaw, mostrándome la piel de sus manos estropeada por la agresión de los detergentes. “Mi marido es ciego, así que yo soy la única que puede sustentar la familia, por lo que decidí volver al pueblo donde puedo contar con el apoyo de mis familiares”. La red de solidaridad en las comunidades africanas está siendo puesta a prueba una vez más, aunque según Gollera, “no va a poder sostener por mucho tiempo tanta necesidad, pues el año es catastrófico para todos”.

“Cuando no tengo dinero, sólo comemos una vez al día” me explica Houley Abdoulaye Ba, en Diawoud. Y ante mi pregunta de cuándo ocurre eso, me responde con otra desafortunada lección de cálculo: “Para alimentar a mi familia, necesito 1.650 UM por día (4€) y mi marido gana 10.000 UM al mes (26€). Eso es todo lo que tenemos”.

Pero Houley se siente afortunada, porque desde hace unas semanas, cuenta con el apoyo de Oxfam: “Con el dinero que la organización me ha dado, he podido comprar comida para toda la familia” añade mientras muestra el saco de arroz, el aceite y el azúcar que ha adquirido recientemente.

9.000 personas, entre las más vulnerables, se benefician de la transferencia de dinero incondicional, que Oxfam lleva a cabo en el sur de Mauritania, una medida implementada en aquellas situaciones de crisis alimentaria donde la prioridad es proteger los medios de vida de las personas sin desestabilizar el funcionamiento del mercado local.  

Además de esta asistencia de urgencia, Oxfam implementa otras actividades, como el dinero contra trabajo, la distribución de alimento para animales y la rehabilitación de los pozos de agua con el objetivo de proteger las vidas y los medios de vida de 20.000 personas en el país. En los próximos meses la organización ampliará su respuesta hasta 70.000 personas necesitadas.

Pero si queremos que las cuentas salgan para Aminata, Samba y Assid y para  los millones de familias enfrentadas a la crisis de este año en el Sahel, necesitamos más ayuda urgentemente. Sólo así lograremos romper el ciclo del hambre. 

Más información en el blog Crisis Humanitaria en el Sahel


El hambre en agenda: citas en Pamplona y Logroño

El miércoles 28 de marzo se celebran en Pamplona y Logroño dos mesas redondas con expertos de alto nivel sobre el hambre en África. Os invitamos a participar:

  

PAMPLONA: Mesa redonda Agricultura y Hambre en África en tiempos de crisis

28 de marzo de 2012, 12.00 h.

Salón de Grados, Edif. Los Olivos (Universidad Pública de Navarra)

 

Participan:

-Paloma Bescansa (Profesora Edafología y Química Agrícola UPNA)

-Iñaki San Miguel (Delegado Acción contra el Hambre en Navarra)

-Enrique Abad (Responsable de Intermón Oxfam en Navarra)

-Moderador: Juan Maté (Subdirector ETS Ingenieros Agrónomos, UPNA)

 

Organiza: ETS Ingenieros Agrónomos, UPNA, Acción contra el Hambre, Intermón Oxfam

 

 

LOGROÑO: Mesa redonda Una mirada sobre África Subsahariana. El caso de Somalia y el Cuerno de África.  

 

Miércoles 28 de Marzo 20.00 h.

Centro Cultural de Caja Rioja-Gran Vía

 

-Samuel Pérez (Plataforma por la Abolición de la Deuda): África, ¿esperanza o víctima? Situación y cambios sobre la pobreza

-Enrique Abad (Intermón Oxfam): Hambruna en el Cuerno de África: lecciones aprendidas de una gran crisis humanitaria

-Roberto Madorrán (Comités de Solidaridad con el África Negra COSAN): Causas de la Hambruna en Somalia y posibles soluciones

 

Organiza:

Plataforma Riojana por la Abolición de la Deuda

Intermón Oxfam

Comités de Solidaridad con el África Negra-COSAN

 


La sequía en la zona del Sahel: Mauritania

Clara Bajo, del equipo de emergencias de Save the Children, explica como está afectando la sequía a la población de Mauritania.

La semana pasada volvía a Madrid desde Mauritania, donde he estado dos semanas identificando un proyecto por la zona de Kaedi, una provincia del sur frontera con Senegal. La economía de la zona se basa en la agricultura y el pastoreo, actividades ambas que se han visto gravemente afectadas por la sequía que asola al país y a toda la región del Sahel. El efecto de la sequía es especialmente devastador en esta zona de Mauritania, una de las más pobres del país.

La temporada de lluvias en 2011 fue muy escasa y hasta el próximo verano no se esperan nuevas lluvias. Durante este espacio de tiempo entre las estaciones de lluvia, las familias viven de lo que han almacenado de la recolecta del otoño anterior, de lo que les da el ganado y de pequeñas compras que complementan su alimentación. Pero en la última estación lluviosa apenas recibieron agua y muchas familias practicamente no tienen alimentos almacenados.

Mauritania produce solamente el 30% de cereales para el consumo nacional, el resto se importa de Senegal o Malí. Pero la crisis del Sahel derivada fundamentalmente de la sequía ha afectado también a estos países, lo que se une a la inseguridad que vive el Norte de Mali (donde miles de personas han tenido que huir por los enfrentamientos entre las fuerzas del Gobierno y grupos rebeldes), la crisis internacional y la subida de carburantes. La unión de todos estos factores ha influido gravemente en el precio de los alimentos y las familias tienen muchas dificultades para comprar la comida que les falta en sus hogares.

En una zona que ya tiene unos niveles de desnutrición crónica muy altos, la falta de alimentos es un problema doblemente grave que hace tremendamente urgente la ayuda, antes de que el hambre tenga graves estragos en la salud de los niños y niñas de estas poblaciones.

Save the Children lleva muchos años trabajando en Mauritania con proyectos de protección y educación. La necesidad urgente del país nos lleva a que estemos a punto de implementar proyectos de seguridad alimentaria, que consiste en llevar a cabo actividades destinadas a proteger los medios de vida de las poblaciones, en este caso, el ganado y la agricultura o asegurar un mínimo de poder adquisitivo para las familias más pobres para que puedan comprar el alimento que necesitan. Nuestro enfoque es el de la infancia y mi trabajo allí durante esas semanas fue el de identificar necesidades directas de los niños y niñas en esta crisis alimentaria. Los efectos de la desnutrición son especialmente peligrosos en los niños y las niñas y, mucho más, entre los bebés menores de 5 años.

No es fácil trabajar aquí, las poblaciones están muy dispersas y los accesos a las mismas son difíciles. He podido reunirme con las comunidades de las aldeas, hablar con ellos sobre sus problemas, sus necesidades concretas e identificar conjuntamente a las familias más necesitadas para comenzar a trabajar. En el proyecto comenzamos a ayudar a que las familias más pobres tengan poder adquisitivo y cubran sus necesidades más básicas, sus derechos a la salud, a una alimentación, refugio, educación y acompañarlas en la siguiente temporada de lluvias que esperemos no sea de nuevo fallida.

Una sequía, un desastre

Cuando empezamos a ver en nuestro entorno más próximo los efectos de la sequía, nos llega desde la región del Sahel, en África Occidental la noticia de un grave riesgo de crisis alimentaria. Si no se actúa con inmediatez, en una zona que ya tiene tasas de malnutrición entre el 10 y el 15 por ciento y donde empiezan a encenderse las alarmas, una catástrofe humanitaria puede poner en riesgo a 13 millones de personas. 

En la imagen vemos a Ahmed Di Ba, pastor de la comunidad de Natriguel, en Mauritania. Ahmed cada vez tiene  más  dificultades para encontrar pasto para su ganado. Este año la trashumancia ha empezado antes que nunca y la dificultad de alimentar los animales cada día es mayor. 

La subida de los precios de los alimentos, la sequía, la pobreza arraigada y los conflictos suponen una combinación amenazadora. Países como Chad, Burkina Faso, Malí, Mauritania, Níger, o el norte de Senegal ven cómo miles de personas tienen dificultades cada día para alimentarse. Muchas personas creen que tendrán que marcharse si no consiguen resolver su situación. 

El año pasado fuimos testigos de una situación fuera de control en el Este de África. Aquí todavía estamos a tiempo de evitar lo peor, si podemos contar con el compromiso de la comunidad internacional. 

Puedes firmar ahora la Declaración conjunta de Save the Children e Intermón Oxfam para que se tomen ya medidas para atajar esta crisis. O dejar aquí tu comentario sobre otras posibles acciones que podrían ayudar a que una sequía no tenga necesariamente que convertirse en un desastre.

¿Qué significa prevenir?

Imagínate que acudes a tu médico de cabecera con dolores en el pecho y dificultades para respirar y tu médico se limita a acompañarte a la puerta y decirte que tiene esperar a que sufras un ataque cardíaco para poder hacer algo.

Supongo que lo encontrarías especialmente perturbador si además cuentas con un historial de vulnerabilidad cardiaca en la familia. Muy al contrario, encontrarías que la atención de tu médico es de calidad si, en lugar de echarte por la puerta, te recetase la medicación adecuada y te explicase una serie de recomendaciones para reducir el riesgo de un ataque al corazón.

Este puede parecer el razonamiento más lógico.

Sin embargo, mientras que en este tipo de circunstancias medidas preventivas y rápidas intervenciones se consideran como la norma, las expectativas de respuesta frente a las alertas tempranas en una crisis alimentaria son, lamentablemente, muy bajas.

Lo comprobamos en el Cuerno de África, donde comenzaron los signos de alarma en agosto de 2010 y desde la comunidad internacional no se empezó a reaccionar hasta bien entrado 2011, a pesar de la demostrada tendencia de la zona oriental de África a sufrir la sequía y la seguridad alimentaria.

Y ahora mismo estamos intentando evitar que pasen desapercibidas las importantes señales de alerta que llegan desde la zona del Sahel, donde millones de personas ya están sufriendo las consecuencias de la sequía y la falta de alimentos.

¿Qúe significa prevenir frente a una crisis alimentaria?

La prevención en este caso debería ser doble. Por un lado, supone que debe tratar la vulnerabilidad crónica y la construcción de la resiliencia local y nacional para poder enfrentarse con los enormes retos que implica la incertidumbre. Pero también significa que se debe buscar más efectividad en los mecanismos nacionales e internacionales de respuesta a la emergencia.

Este doble enfoque debe emplearse para romper la división artificial que existe entre los programas humanitarios y los programas de desarrollo.

Son los programas de desarrollo y a largo plazo los que a menudo están mejor situados para responder a las previsiones de crisis, pero se les debe dotar de una mayor flexibilidad para que se puedan adaptar y responder a un empeoramiento de la inseguridad alimentaria.

Pero como en todo –en las enfermedades cardíacas también- las soluciones no son dobles, ni triples, ni sencillas. Son muy complejas. Y en este caso se suman obstáculos como la dificultad de movilizar a los gobiernos y la sociedad civil frente a emergencias que llegan tras un largo recorrido de procesos naturales fallidos (las lluvias, las cosechas..), los sistemas económicos impuestos a nivel internacional (el precio de los alimentos) o la propia estructura de la ayuda.

Estamos aquí para reflexionar y mejorar. Para evitar que este tipo de situaciones se vuelvan a repetir. Para que el hambre, el hambre con mayúsculas, no siga acabando con millones de vidas nunca más.

Poner más y ponerlo antes

Hoy escribe Anna Argemí, desde Barcelona

La última entrada de este blog acababa con una pregunta sin respuesta: ¿Cómo podemos exigir a los políticos que actúen preventivamente, y no cuando la crisis ha costado ya miles de vidas? Ha dado la casualidad de que Helen Clark, que es la actual administradora del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), participó pocos días después en un twitterchat sobre la crisis del Sahel.  Aproveché la feliz coincidencia para trasladarle esa misma pregunta. Me dijo que es cierto, que debemos exigir a los políticos que actúen preventivamente, para que ataquen las causas subyacentes de la emergencia, como las sequías persistentes, y para que ayuden a los países afectados a tener mayor resiliencia (capacidad de aguante) a medio y largo plazo. Y añadió que si se invirtiera más en desarrollo, incluso las graves sequías podrían ser afrontadas por los países en desarrollo.

Así que, concluí, hay que presionar a los políticos para que pongan más dinero (cooperación) y antes (previsión). Mal lo tenemos cuando las noticias del clima que llegan a las portadas aquí en España se centran básicamente en la “alarmante sequía” que está viviendo España, el invierno más seco desde hacía décadas, alarmante porque está provocando problemas de contaminación en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona. Mal lo tenemos cuando llevamos ya semanas y meses desayunándonos con grandes recortes sociales (aquí) y en cooperación (allí) y parece no tener fin este trágala. Me temo que no sólo los políticos deberían revisar sus objetivos.

Para cambiar un poco el “clima mediático”, aporto una historia que contó Clark en su twitterchat y que tiene que ver con cambio climático y con situaciones desesperadas. Sólo que tienen lugar en otro continente. Las mujeres, contó Clark, están especialmente sobrecargadas por esta crisis del Sahel. Sobrecargadas en sentido físico y figurado. Deben mantener la familia cuando el marido se marcha lejos para buscar trabajo. Y  cuando en casa ya no queda nada que hacer, se cargan sus hijos a cuestas, caminan kilómetros y kilómetros, malnutridas y agotadas, hasta alcanzar un centro de ayuda. Hago mía la llamada de Helen Clark: “No dejemos que la sequía se convierta en hambruna”.  ¿Te apuntas?

Si quieres leer todo lo que Helen Clark dijo en el twitterchat, busca en twitter #undpchat

¿Cómo se puede prevenir a tiempo una situación de hambre extrema?

Aunque desde principios de 2011 había alarmas sonando, no se tomaron las decisiones correctas y llegó la crisis de hambre más grave del siglo XXI. El informe Un retraso peligroso, de Save the Children e Intermón Oxfam, señala que los responsables de la toma de decisiones no suelen sentirse cómodos con la incertidumbre y los pronósticos, y exigen “datos sólidos” antes de empezar a responder.

 

¿Cómo podemos exigir a los políticos que actúen preventivamente, y no cuando la crisis ha costado ya miles de vidas?

¿Nos atrevemos a mirar?

Hoy escribe José Miguel Capapé, desde Zaragoza

Hace más o menos un año que los mecanismos de alerta temprana comenzaron a advertir de la posibilidad de que la situación en el Cuerno de África desembocara en una crisis de hambre extrema, una realidad todavía no nombrada en este siglo XXI.

Fue en verano del año pasado cuando todo estalló, y cuando las organizaciones comenzaron a pedir ayudas, y a desenmascarar el origen de la situación y las posibles soluciones que pasan inevitablemente por acciones de emergencia que no siempre resultan fáciles por la situación bélica que se vive en la zona.

En estos momentos ya no es sólo el Cuerno de África, es el Sahel y… siempre África.

Parece que en estos momentos de crisis global es de nuevo África el continente ignorado (foco de estudio de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz de Zaragoza este año pasado) el que vuelve a recibir los golpes más duros de esta crisis global.

Hoy resulta difícil comenzar el día sin referencias a nuestro estado de malestar: paro, reformas, denuncias, legisladores, políticos… cada vez resulta más difícil mirar hacia otros lugares que desde lejos de aquí sufren las consecuencias de nuestro malestar, de nuestra crisis permanente.

Cada vez es más difícil pedir un minuto para pensar los problemas que ocurren a más de 2.000 kilómetros de donde estamos. Cada vez reducimos más la distancia máxima a partir de la cual los problemas pasan a estar cada vez más difusos.

A pesar de todo hay quienes se empeñan en seguir demostrando que hay conexiones muy directas entre lo que ocurre allá y lo que vivimos acá, entre esta crisis humanitaria que parece que llegó de repente, y la incapacidad de las propias ONG para exigir reacciones cuando todavía se estaba a tiempo, entre los problemas internos de las regiones del Sahel y las prohibiciones para enviar remesas de los inmigrantes a sus lugares de origen, entre el tiempo que un medio de comunicación dedica a una noticia y el impacto en la ciudadanía…

En Zaragoza queremos presentar el crítico informe ‘Un retraso peligroso’ de Oxfam, queremos seguir diciendo a la gente que podemos actuar para impedir que crisis como estas se repitan.

¿Quién se atreve a mirar hoy a África, ver su situación de vulnerabilidad, de saqueo constante?

Lamentablemente a veces, para no decir nada, preferimos mirar para otro lado. ¿Hasta cuándo?

El hambre y la luna

Pregunta de Jan Egeland, Coordinador de Ayuda Humanitaria de la ONU entre 2003 y 2006:

¿Cómo es posible que, más de una generación después de que el ser humano caminase sobre la luna, dejemos morir innecesariamente a otros seres humanos porque no le damos prioridad a satisfacer sus necesidades más básicas a tiempo?

Comenta aquí, en twitter con la etiqueta #hambrenuncamas, escribe Hambre Nunca Más en tu muro de Facebook… ¿Qué podemos hacer?